A Manuel Martínez Rueda. In memoriam

Mié, 14/01/2026 - 13:59
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14/01/2026
Carta

A Manuel Martínez Rueda. In memoriam

Por Mª Dolores Martínez Aires, Profesora Titular de Universidad la Universidad

Acuérdate de los mares que has navegado, las tormentas propias que has padecido y las que, siendo públicas, has hecho tuyas. Suficientes muestras ha dado tu virtud en inquietas y trabajosas ocasiones; experimenta ahora lo que hace en la quietud.

Lucio Anneo Séneca, De la brevedad de la vida, capítulo XIX

 

Frecuentemente visito edificios en construcción que considero presentan alguna característica singular. Hablo tanto con quienes los han proyectado como con quienes han de dirigir los trabajos durante la ejecución de la obra. Desde que comienza la excavación del terreno y su cimentación hasta que finalizan las obras hago decenas de fotos. Después, selecciono aquellas que considero adecuadas para incorporarlas a mis clases, ya sean sobre Organización y Programación de Obras ya de Prevención y Seguridad frente a accidentes laborales de las personas que trabajan en la construcción. Son muchos los técnicos que suelen reconocerme como antigua profesora suya. La inmensa mayoría me dan recuerdos para don Manuel Martínez Rueda expresándome su gratitud por cuanto aprendieron con él en la Escuela Universitaria de Arquitectura Técnica, actual E.T.S. de Edificación de la Universidad de Granada durante su etapa de formación inicial. Me emocionan sus testimonios cuando expresan reconocimiento a su Maestro, que también lo ha sido mío porque también fui su alumna. Hemos sido miles las personas a las que nos impartió clases. Todas, sin excepción alguna, somos conscientes de lo mucho que debemos al profesor Martínez Rueda. Su docencia se caracterizó por su excelencia. El profesor Martínez Rueda supo integrar en sus explicaciones las últimas investigaciones sobre la disciplina sin perder de vista el posterior ejercicio profesional de aquel alumnado. Fue un profesor “duro”. El nivel de exigencia que fijaba para superar las asignaturas que impartía era muy alto. Tanto como el que él mostraba tener en cualquiera de las sesiones de clase que nos impartió. Recuerdo oírle decir que una obra era una tarea colaborativa en la que un oficio seguía, ininterrumpidamente, a otro y que, a veces, había que simultanear varios o acelerar alguno… y que todos había que llevarlos a cabo a la perfección. No he conocido a ningún docente que programase sus acción docente con más meticulosidad que él. Desde el comienzo de curso sabíamos los contenidos de cada clase, las fechas de cada prueba, la entrega de calificaciones, las fechas de revisión de exámenes, etc. El profesor Martínez Rueda fue siempre “muy serio” y, a su vez, tremendamente respetuoso en el trato con quienes tuvo a su alrededor. No fue persona de halago fácil. Sí, seria y fiel. Por todo ello, nada tiene de extrañar pues que quienes fueron estudiantes suyos, y que ahora trabajan en el sector de la edificación, me hablen de lo útil de las enseñanzas del profesor Martínez Rueda cuando los agobiaba exigiéndoles a la perfección los diagramas Gantt y PERT porque son la base de su profesión. Yo he tenido el privilegio de haberle seguido teniendo como Maestro una vez que finalicé mis primeros estudios universitarios. Tuvo a bien admitirme como profesora y compartir la docencia de la asignatura que él había diseñado desde el inicio de la titulación de Arquitectura Técnica en la Universidad de Granada: Organización, Programación y Control de Obras. Desde entonces, Manolo fue más que Maestro. Era padre y amigo. Me enseñó cuanto había atesorado a lo largo de décadas, compartiendo su material docente, que seguimos actualizando según la evolución de la industria de la Construcción, y las fotos que él había hecho durante la construcción del Palacio de Congresos de Granada o del Hipercor, entre otras muchas obras a las que hizo su seguimiento. De ahí me viene la práctica de hacer seguimiento de obras y tomar fotografías. Sí, he aprendido mucho de lo que ahora sé gracias él, por lo que le estaré eternamente agradecida. Cuando fue elegido director de la Escuela de Arquitectura Técnica de la UGR me pidió que formara parte de su Equipo de Gobierno como Subdirectora de Ordenación Académica. Aunque entonces yo estaba realizando mi tesis doctoral en la Universidad de Loughborough, accedí ello. Fueron cuatro cursos muy intensos. La Escuela se abrió a la participación del alumnado en actividades que iban más allá de lo estrictamente académico. Además de continuar con actividades tradicionales, y puntuales, como la Semana de la Construcción, casi todas las semanas hubo actividades en el Salón de Actos. Por él pasaron personalidades como Saramago, Pedro Duque, Luis García Montero o Eduardo Aute, entre otras. Cabe destacar que institucionalizó la realización el acto de graduación de estudiantes al término de su carrera en la Escuela. El profesor Martínez Rueda siempre perteneció al Colegio Profesional de Aparejadores y Arquitectos Técnicos porque vivió siempre esta profesión que amaba. Conocedor de los retos que en aquel momento tenían sus profesionales, como director de la Escuela impulsó la creación del primer Máster al que podían acceder quienes estuvieran en posesión del título de Aparejador(a) y Arquitecto(a) Técnico(a) que llevó por título «Gestión y Seguridad Integral en la Edificación». Quienes finalizaron este máster obtuvieron, por primera y única vez en la historia de la Arquitectura Técnica, el título Ingeniero(a) en Edificación otorgado por la Universidad de Sevilla, de Coordinador(a) de Seguridad y Salud en Obras de Construcción otorgado por la Junta de Andalucía y el acceso directo a la realización de una Tesis Doctoral.

Tremendamente generoso con la UGR, trabajó codo con codo con otro Maestro, don Agustín Bertrán, en el Vicerrectorado de Infraestructura, también fue secretario del Departamento de Construcciones Arquitectónicas. Siempre dejando su impronta de persona honrada, meticulosa, ordenada y responsable.

En lo humano, quiero decir que el trato con la pequeña comunidad universitaria de la Escuela fue exquisito. Suele decirse que “para muestra, un botón” y así lo corrobora el que, en los días fríos de invierno Manolo iba a la Escuela una hora antes del comienzo de la actividad docente para poner la calefacción de forma que cuando se abriera el edificio al público el interior estuviese caliente.

Profesor Martínez Rueda, querido Maestro y gran amigo Manolo, te has ido sin hacer ningún ruido dejando una gran huella en la Universidad de Granada, una huella indeleble en quienes hemos sido tus alumnas y alumnos, una huella que aún es más profunda e imborrable entre quienes te tuvimos más cerca. Tu recuerdo permanecerá en cuantos tuvimos la fortuna de conocer a la gran persona que has sido. Se me hace un nudo y humedecen los ojos mientras escribo estas líneas y, probablemente, en quienes las lean porque has sido una persona muy querida.

Descansa en paz.